domingo, 13 de septiembre de 2009

Costumbre

A medida que uno se hace más adulto, debiera ser más fácil acostumbrarse a algunas cosas, que probablemente durante los amor anteriores no era fácil. Ja cosa, es que no es tan así, sobre todo, cuando se trata de separarse de una hija. Nunca me acostumbraré a eso, muy difícilmente. Me ha significado problemas, durante algún tiempo, discusiones, que no hacían más que enturbiar aún más la pena. Casi 10 años, y todavía no me acostumbro. Afortunadamente, ahora la vida es distinta, no existen esos problemas, pero tampoco me adapto. Bueno, será normal y sí no, da igual es lo que extraño a mi hija, a quién sacrifique varios años por una relación, que no resultó, y ahora he de disfrutar el doble con ella. Antes lo hacía, pero no cómo ahora, porque habían celos y resentimientos, que idiotamente intentaba evitar. En fin, no es una pena mala, sólo pena.